Varias son las lecturas que pueden sacarse del Mundial de Balonmano celebrado en Doha (Qatar). Y no todas son positivas ni para nuestro deporte, ni para nuestro equipo.
Antes de nada me gustaría resaltar la calidad de la producción de las retransmisiones televisivas, poco me importa si lo ha hecho la televisión catarí o si por el contrario, como suele suceder en estos países, ha sido realizada por alguna empresa extranjera.
Los medios técnicos puestos a disposición de nuestro deporte, la gran realización, con repeticiones adecuadas y el seguimiento del personaje que en ese momento interesaba, han mostrado la plasticidad y espectacularidad del Balonmano. Un lujo y un placer.
La campeona, Francia, cabría decir que como siempre. Ha mostrado las virtudes clásicas de su juego, solvencia en lo técnico y táctico, y una gran superioridad en lo físico. Justo cuando los demás caen los "experts" crecen y apabullan.
Segunda Qatar, demostrando como la disciplina colectiva y el compromiso hacen crecer el talento. Con un entrenador, sin duda el mejor del torneo, manejando los recursos de que dispone de manera magistral. Aportando soluciones adecuadas a la capacidad de sus jugadores, buscando resaltar sus puntos fuertes.
Pero esa final habla del estancamiento de nuestro deporte, al que los continuos cambios en la interpretación de las reglas como intento de ser una vía de desarrollo, no hace sino alejar al espectador. Por la confusión que supone no entender lo que en la jugada anterior era una cosa y en la siguiente lo contrario.
Omeyer, el portero campeón, fue nombrado el MVP. Con merecimiento sin duda, pero este dato explica, mejor que ningún otro, la ausencia de figuras, de artistas, que hagan desarrollar este juego.
Una final entre un país emergente, el primer asiático en llegar a una final, y una Francia atrincherada en su portentoso físico, demuestra que el Balonmano, con especial responsabilidad para el europeo, repite modelos y paradigmas. Hay pequeños matices claro, pero la mayoría de los partidos hacen sentir al aficionado un "dejá vu". Todo es previsible.
Y en esas España, anclada en un estilo de juego que nos ha proporcionado el tiempo más exitoso de nuestra historia, pero que vuelve el juego anodino y repetitivo. Siempre en la búsqueda de las ventajas que la relación dos contra dos con el pivote nos aporte. Eso más la calidad en la finta que con el transcurrir del campeonato y la pérdida de frescura, supone un rosario de faltas y faltas que paran el ritmo.
Necesita nuestra selección una evolución en el juego, España 2.0 podríamos decir. El resto de los países también, pero nuestro equipo va perdiendo un puesto en el escalafón en cada competición. Y no creo que sea un problema de cambios de entrenador o jugadores, han ido los mejores. Pero me parece necesario entender que hay que empezar a jugar a otra cosa.
Por cierto el papel de los entrenadores sin duda ha cambiado, sólo hay que observar los tiempos muertos. Ahora los jugadores aportan soluciones y son escuchados, en lugar de ser disciplinados soldados que cumplen ordenes, muchas veces contra su idea del juego. Y me parece muy bien. Esto hace aumentar su compromiso con la idea y su responsabilidad en cada hecho del juego.
Lo siguiente es el Europeo del año próximo y los preolímpicos. Demasiadas urgencias para que los equipos entren en el "laboratorio" a desarrollar e implementar ideas. Tal vez los calendarios propuestos no permitan a nadie pararse a crear, a desarrollar otras perspectivas de juego.
Tal vez faltan figuras. Y encima se retira Balic.
Antes de nada me gustaría resaltar la calidad de la producción de las retransmisiones televisivas, poco me importa si lo ha hecho la televisión catarí o si por el contrario, como suele suceder en estos países, ha sido realizada por alguna empresa extranjera.
Los medios técnicos puestos a disposición de nuestro deporte, la gran realización, con repeticiones adecuadas y el seguimiento del personaje que en ese momento interesaba, han mostrado la plasticidad y espectacularidad del Balonmano. Un lujo y un placer.
La campeona, Francia, cabría decir que como siempre. Ha mostrado las virtudes clásicas de su juego, solvencia en lo técnico y táctico, y una gran superioridad en lo físico. Justo cuando los demás caen los "experts" crecen y apabullan.
Segunda Qatar, demostrando como la disciplina colectiva y el compromiso hacen crecer el talento. Con un entrenador, sin duda el mejor del torneo, manejando los recursos de que dispone de manera magistral. Aportando soluciones adecuadas a la capacidad de sus jugadores, buscando resaltar sus puntos fuertes.
Pero esa final habla del estancamiento de nuestro deporte, al que los continuos cambios en la interpretación de las reglas como intento de ser una vía de desarrollo, no hace sino alejar al espectador. Por la confusión que supone no entender lo que en la jugada anterior era una cosa y en la siguiente lo contrario.
Omeyer, el portero campeón, fue nombrado el MVP. Con merecimiento sin duda, pero este dato explica, mejor que ningún otro, la ausencia de figuras, de artistas, que hagan desarrollar este juego.
Una final entre un país emergente, el primer asiático en llegar a una final, y una Francia atrincherada en su portentoso físico, demuestra que el Balonmano, con especial responsabilidad para el europeo, repite modelos y paradigmas. Hay pequeños matices claro, pero la mayoría de los partidos hacen sentir al aficionado un "dejá vu". Todo es previsible.
Y en esas España, anclada en un estilo de juego que nos ha proporcionado el tiempo más exitoso de nuestra historia, pero que vuelve el juego anodino y repetitivo. Siempre en la búsqueda de las ventajas que la relación dos contra dos con el pivote nos aporte. Eso más la calidad en la finta que con el transcurrir del campeonato y la pérdida de frescura, supone un rosario de faltas y faltas que paran el ritmo.
Necesita nuestra selección una evolución en el juego, España 2.0 podríamos decir. El resto de los países también, pero nuestro equipo va perdiendo un puesto en el escalafón en cada competición. Y no creo que sea un problema de cambios de entrenador o jugadores, han ido los mejores. Pero me parece necesario entender que hay que empezar a jugar a otra cosa.
Por cierto el papel de los entrenadores sin duda ha cambiado, sólo hay que observar los tiempos muertos. Ahora los jugadores aportan soluciones y son escuchados, en lugar de ser disciplinados soldados que cumplen ordenes, muchas veces contra su idea del juego. Y me parece muy bien. Esto hace aumentar su compromiso con la idea y su responsabilidad en cada hecho del juego.
Lo siguiente es el Europeo del año próximo y los preolímpicos. Demasiadas urgencias para que los equipos entren en el "laboratorio" a desarrollar e implementar ideas. Tal vez los calendarios propuestos no permitan a nadie pararse a crear, a desarrollar otras perspectivas de juego.
Tal vez faltan figuras. Y encima se retira Balic.
Comentarios
Publicar un comentario