Liderazgo y cultura

De nuevo en España aprovecho el tiempo libre viendo el mundial de balonmano, mi deporte, que se está celebrando en Qatar.
Y como el ojo ve lo que quiere ver, me dedico a observar y comparar lo que otros hacen con mis experiencias. Con toda la humildad de que soy capaz para darme cuenta de errores cometidos y mejorar posibles futuras actuaciones.
Pero también para comprobar cómo determinadas conductas, sobre todo de quien tiene la responsabilidad del liderazgo, influyen de manera determinante en el rendimiento de los grupos.
Digo que lo que el ojo quiere ver, por que después de los acontecimientos que desembocan en mi salida del Al Jazira, uno está más sensible para analizar aspectos emocionales más que determinados detalles técnicos o tácticos.
Observar desde determinado filtro, desde determinada emoción, te puede hacer ver lo que quieres ver. Haré un esfuerzo para modular esas emociones.
Valero Rivera, entrenador de Qatar, maneja su grupo anteponiendo la idea del grupo por encima de todo, todos los entrenadores decimos que hacemos lo mismo, la diferencia está en que Valero está dispuesto a pagar el precio debido por que esto sea así. Sabe que es el camino y lidera apartando de la senda a quien se desvía lo más mínimo. Y además muestra su compromiso con el ejemplo.
Es un líder con una visión clara.
Uno de los aspectos más evidentes con los que me encontré al hacerme cargo del Jazira, es la comprensión de que me hacia cargo de un grupo enfermo, en un entorno enfermo. Y lo más grave, nadie, especialmente quien tenía la responsabilidad de hacerlo, estaba dispuesto a aplicar las medidas convenientes. Liderar necesita una buena dosis de coraje.
Muy al contrario eran los primeros responsables de los males que aquejan a ese equipo y a ese club. Básicamente por haber consentido determinadas conductas, impropias de un equipo que quiere competir con el mínimo de orgullo. Convirtiendo a sus jugadores en niños consentidos que conocen perfectamente por donde se rompe siempre la cuerda, el entrenador.
Mi salida, era imposible trabajar con cierta dignidad en esas condiciones, no ha mejorado para nada el rendimiento del equipo, muy al contrario la marcha es errática y el grupo, antes sostenido por alfileres, se ha roto.
En definitiva, liderar supone un ejercicio profundo de conocimiento, primero de uno mismo, y después del entorno y el grupo con el que trabajas, además de anteponer los objetivos por encima de los chantajes emocionales que, la mayor parte de las veces nosotros mismos, nos hacemos o nos hacen. La mentalidad de cirujano, con la que Valero Rivera, plantea la dirección de su grupo, es el contraste con la de un grupo de melifluos y prepotentes "manageres" que consienten, especialmente por falta de valor, comportamientos poco competitivos.
Lo peor de todo es que parece algo enquistado en ese club, una manera de actuar inherente a una cultura.
La reflexión final se puede hacer en forma de pregunta ¿Es posible ser competitivo desde una cultura como la emiratí?

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